A
continuación, mis comentarios sobre el artículo: "La secesión del arte contemporáneo", de Tomás Llorens. Publicado en El País, el 18 de febrero 2017.
Lo que Llorens
plantea en este artículo, es un cuestionamiento acerca de las diferencias
sociales y cómo estas diferencias están también presentes en el arte. Específicamente,
plantea la separación que existe en el arte en cuanto a la posibilidad de
acceso que tiene a este la clase pudiente, “los ricos”, y el el resto de la
sociedad. El autor señala también dos tipos de arte separados desde la
perspectiva del público al cual está dirigido y expuesto.
Menciona con
preocupación, la separación que se está gestando de las instituciones de arte públicas,
como galerías. Así, tradicionalmente las instituciones públicas se enfocan en
hacer el arte más accesible para en mayor número de personas posibles y; en
contraparte, se está comenzando a desarrollar un nuevo criterio de exhibición a
través de galerías, que se enfocan en exponer el arte, en espacios de difícil y
exclusivo acceso, con una ubicación espacial y físicamente inaccesible para la mayoría
de la personas; quedando claro que las obras que exponen, con más criterio
comercial que artístico, solo podrán ser apreciadas por aquellos de alto poder
económico y que se harán deliberadamente inaccesibles para el común de la
gente. El autor relaciona esta tendencia, con algo que también caracteriza en
otros aspectos a los ricos, y es su inevitable propensión a separarse de la
sociedad para vivir en su propio mundo.
Para
Llorens, historiador, esta secesión en el arte, comenzó en New York, como
oposición al Pop Art, protagonizada por artistas críticos con el éxito comercial
de este estilo, pero que terminó siendo aprovechado por las galerías que
identificaron aquí una cualidad vendible.
En mi
opinión, si esta tendencia empieza a
hacerse viral, y cada vez más y más obras caen en manos de inversionistas
privados, con un enfoque del arte como objeto meramente comercial, su razón de
ser y estar terminará dejando de serlo. Porque una obra que no pueda ser
estudiada, apreciada y expuesta para quedar en la memoria del colectivo, corre
el riesgo de perderse para siempre.
Me visión de
esto, no difiere de la mayoría sensata: Creo que el arte que trasciende en el tiempo,
icónico, lo será, por estar al acceso de todos. Tal como expresa Llorens, las
obras importantes no debe deberían perder su razón de ser y quedar en manos
privadas, exhibidas en lugares tan especiales y a horas tan exclusivas, que se
terminen perdiendo en la memoria de unos pocos.
En el
sentido más estricto, del acceso presencial y físico tendríamos mucho que
considerar. Los museos modernos, El
Louvre, el Prado o la National
Gallery de Londres, nacieron para reducir la exclusión. Pero esto nace de
las posibilidades de un país desarrollado, un país rico, que puede hacer
posible un alto acceso de su población Esto no sucede en los países pobres,
donde sencillamente no existe la infraestructura y las herramientas para
exponer, acceder y conocer.
Con todo, tampoco
quiero negar lo que considero un mal necesario, y es la inversión privada. Si no, echemos una
mirada a la lucha para la autogestión de los museos tradicionales.
Para
finalizar, me quedo con algo esencial, y es que el arte, en sus distintas
manifestaciones, ha logrado capturar el pensamiento de todas las épocas y nos
ha referido lugares, momentos, creencias e historias. Así, la secesión del arte
a la que hace referencia el autor, no es más que el reflejo de una sociedad marcada
por las diferencias, por unas cifras de
porcentaje de distribución de riqueza que dan escalofrió solo de leerlas. Ni
hablar de la secesión de los que tienen acceso a todo y los que no tiene acceso
a nada. Mundos paralelos diría yo….
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