28 febrero, 2017

La Secesión del Arte Contemporáneo, Tomas Llorens

A continuación, mis comentarios sobre el artículo: "La secesión del arte contemporáneo", de Tomás Llorens. Publicado en El País, el 18 de febrero 2017.

Lo que Llorens plantea en este artículo, es un cuestionamiento acerca de las diferencias sociales y cómo estas diferencias están también presentes en el arte. Específicamente, plantea la separación que existe en el arte en cuanto a la posibilidad de acceso que tiene a este la clase pudiente, “los ricos”, y el el resto de la sociedad. El autor señala también dos tipos de arte separados desde la perspectiva del público al cual está dirigido y expuesto.

Menciona con preocupación, la separación que se está gestando de las instituciones de arte públicas, como galerías. Así, tradicionalmente las instituciones públicas se enfocan en hacer el arte más accesible para en mayor número de personas posibles y; en contraparte, se está comenzando a desarrollar un nuevo criterio de exhibición a través de galerías, que se enfocan en exponer el arte, en espacios de difícil y exclusivo acceso, con una ubicación espacial y físicamente inaccesible para la mayoría de la personas; quedando claro que las obras que exponen, con más criterio comercial que artístico, solo podrán ser apreciadas por aquellos de alto poder económico y que se harán deliberadamente inaccesibles para el común de la gente. El autor relaciona esta tendencia, con algo que también caracteriza en otros aspectos a los ricos, y es su inevitable propensión a separarse de la sociedad para vivir en su propio mundo.

Para Llorens, historiador, esta secesión en el arte, comenzó en New York, como oposición al Pop Art, protagonizada por artistas críticos con el éxito comercial de este estilo, pero que terminó siendo aprovechado por las galerías que identificaron aquí una cualidad vendible.

En mi opinión, si esta tendencia  empieza a hacerse viral, y cada vez más y más obras caen en manos de inversionistas privados, con un enfoque del arte como objeto meramente comercial, su razón de ser y estar terminará dejando de serlo. Porque una obra que no pueda ser estudiada, apreciada y expuesta para quedar en la memoria del colectivo, corre el riesgo de perderse para siempre.

Me visión de esto, no difiere de la mayoría sensata: Creo que el arte que trasciende en el tiempo, icónico, lo será, por estar al acceso de todos. Tal como expresa Llorens, las obras importantes no debe deberían perder su razón de ser y quedar en manos privadas, exhibidas en lugares tan especiales y a horas tan exclusivas, que se terminen perdiendo en la memoria de unos pocos.

En el sentido más estricto, del acceso presencial y físico tendríamos mucho que considerar. Los museos modernos, El Louvre, el Prado o la National Gallery de Londres, nacieron para reducir la exclusión. Pero esto nace de las posibilidades de un país desarrollado, un país rico, que puede hacer posible un alto acceso de su población Esto no sucede en los países pobres, donde sencillamente no existe la infraestructura y las herramientas para exponer, acceder y conocer.

Con todo, tampoco quiero negar lo que considero un mal necesario, y es  la inversión privada. Si no, echemos una mirada a la lucha para la autogestión de los museos tradicionales.

Para finalizar, me quedo con algo esencial, y es que el arte, en sus distintas manifestaciones, ha logrado capturar el pensamiento de todas las épocas y nos ha referido lugares, momentos, creencias e historias. Así, la secesión del arte a la que hace referencia el autor, no es más que el reflejo de una sociedad marcada por las diferencias, por unas cifras  de porcentaje de distribución de riqueza que dan escalofrió solo de leerlas. Ni hablar de la secesión de los que tienen acceso a todo y los que no tiene acceso a nada. Mundos paralelos diría yo….


No hay comentarios:

Publicar un comentario